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¡18 horas, ya! Basta de amaños en la recuperación de nuestro horario semanal

Si tan sólo hace dos meses nos hubieran dicho que, a punto de comenzar las clases, la Consejería de Educación aún no habría dado forma legal al primer paso –implementación de 19 horas lectivas en el curso 2017-2018– de la recuperación de nuestro horario semanal de 18 lectivas, violentado por la propia Junta de Andalucía en 2012… nos lo hubiésemos creído. Porque año tras año, los comienzos de curso llevan el sello de la improvisación en lo que se refiere a la organización de los horarios en los institutos: Hace dos años, curso 2015-2016, una disposición final de una Orden regulatoria sobre el profesorado de Religión Católica establecía un máximo de 25 horas regulares sin poner ningún medio o recurso adicional que lo facilitase, lo que abrió las puertas a una avalancha de irregularidades cuyo denominador común fue la conversión de ciertas horas regulares (reuniones de Departamento, de Área, guardias de biblioteca, etc.) en irregulares para alcanzar, espuriamente en la mayoría de los casos, las prometidas 25 horas regulares. Transcurrido un año de esto, curso 2016-2017, unas Instrucciones sacadas en pleno verano y que ni siquiera se publicaron en BOJA modificaban ilegalmente toda una Orden, la del 20 de agosto de 2010 que regula los horarios de Secundaria, para colarnos unos condicionantes que permitían ajustar –cual lecho de Procusto– las 25 horas regulares en nuestro horario semanal sin reducirnos las lectivas ni contratar un profesor de más; eso sí, este mes de julio el TSJA daba la razón a la denuncia que pusimos desde APIA y declaraba ilegales estas Instrucciones.

Con estos precedentes, el curso 2017-2018 no se presenta ayuno de improvisaciones e irregularidades. Irregularidades que se veían venir desde el momento en que los sindicatos de Mesa General de la Función Pública Andaluza consintieron vincular la recuperación de las 18 horas lectivas a un azaroso retorno a las 35 horas semanales promovido por la Junta de Andalucía, aún a sabiendas de que es algo competencia del Estado y no de las Comunidades Autónomas. La previsible suspensión cautelar por el Tribunal Constitucional del Decreto-ley del 11 de octubre de la Junta de Andalucía durante este mes de julio paralizaba las 35 horas y, como carambola, fulminaba el asiento legal de nuestra recuperación paulatina de las 18 horas lectivas. Y, así, nos hemos encontrado este mes de septiembre con una Junta de Andalucía que asegura a los cuatro vientos que las 19 horas lectivas semanales este curso son un hecho, y una Consejería de Educación que no acaba de encontrar el modo de implementarlas a su gusto y sus conveniencias, por más que salte a la vista que la solución menos gravosa sea convertir una hora de guardia en lectiva. Esta tardanza –más bien, estrategia dilatoria– ha dado lugar a una indefinición legal que, como no podría ser de otro modo, está siendo aprovechada en los ámbitos donde la falta de escrúpulos y el menosprecio hacia los derechos de los profesores son señas de identidad: a APIA nos han llegado numerosas denuncias de docentes en cuyos centros se han pretendido confeccionar los horarios con 20 horas lectivas semanales, circunstancia que en algún caso podría achacarse a ignorancia o candidez de sus responsables, pero que en la mayoría parecen perseguir unos fines muy determinados, como en la Delegación Territorial de Almería donde los horarios a 20 horas han sido exigidos por la propia Inspección Educativa.  

Desde APIA invitamos a todo el profesorado de Secundaria andaluz a que exija su horario con 19 horas semanales y a que requiera explicaciones y una compensación en las horas complementarias –como marca la ley– toda vez que excepcionalmente se le suban a 20 o a 21; en los casos donde quepan dudas recomendamos la denuncia. Es preciso recordar también, al confeccionar nuestros horarios de este curso, que el TSJA ha anulado a instancias de APIA las Instrucciones que permitían que la tutoría administrativa o electrónica tuviesen consideración de hora irregular y que la ratio de grupos de alumnos por profesor en las guardias de recreo se incrementase, por lo que todo intento de aplicarnos estas pautas debe ser rechazado y, caso de persistir, denunciado a la Inspección o a los sindicatos.

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