Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía


Legislación

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29 de septiembre de 2003 Boletín nº 32

Más sobre jefaturas de departamento y maestros

La LOCE establece con una claridad meridiana que: "la Jefatura de Departamento será desempeñada por un funcionario del Cuerpo de Catedráticos de Enseñanza Secundaria, titular de alguna de las especialidades integradas en los respectivos departamentos. En ausencia, en los respectivos Cuerpos, de funcionarios del Cuerpo de catedráticos mencionados en el párrafo anterior, la Jefatura de los departamentos de Coordinación Didáctica, podrá atribuirse a un profesor funcionario perteneciente al cuerpo de profesores de Enseñanza Secundaria"(art. 85.3). Sin embargo, la Administración educativa andaluza sigue dispuesta a dar muestras de espíritu adelantado (pero en dirección contraria) y seguir nombrando a maestros como jefes de departamento. Algunas "explicaciones" que nos han dado son francamente antológicas (y antilógicas):

que no se ha recibido directriz ninguna al respecto, y por tanto se sigue con el procedimiento habitual (esto lo ha dicho el propio Jefe de personal de la delegación de Sevilla, Juan Marrufo, en un aplicación nada sutil del principio de "obediencia debida").

que no se puede aplicar porque está recurrida. O sea que mientras haya una persona a la que no convenza la Ley de Calidad, ésta debe permanecer in the limbo.

que el artículo mencionado no es Ley Orgánica y por tanto no hay que cumplirlo. Aquí nos detenemos un poquito más por aquello de la pedagogía jurídica:

En una Ley Orgánica son relativamente pocos los artículos que tienen ese rango; la mayoría funciona como ley ordinaria, que es un nivel normativo altísimo (sólo sobrepasado por la Ley Orgánica y la Constitución). Resulta ridículo, pues, tener que hablar de su carácter vinculante y preceptivo. La decisión de conferir a un artículo rango de Ley Orgánica no es por razones de efectividad, sino sólo con miras a la mayoría parlamentaria que se requiere para modificarlo o derogarlo.

El artículo de la LOGSE que adscribió a los maestros a Secundaria no sólo no tenía carácter de Ley Orgánica, sino que además era una mera Disposición Transitoria, cuyo plazo precisamente acabó hace cuatro años, no obstante lo cual ha seguido adscribiéndose maestros a Secundaria (lo que, en cualquier Administración moderna, hubiera supuesto varias condenas por prevaricación).

El artículo en cuestión no es Ley Orgánica, pero sí lo es la Disposición Derogatoria única de la LOCE que establece que: "quedan derogadas cuantas disposiciones de igual o inferior rango se opongan a lo dispuesto en la presente Ley". De superior rango, como queda dicho, sólo la Constitución.

APIA ha enviado un escrito a las respectivas delegaciones provinciales de educación advirtiendo de la inevitable prevaricación en que incurren si siguen ejecutando este tipo de nombramientos. Esperemos que poco a poco consigamos colocar alguna pizca de sentido común en esta cuestión. Compañeros de otras comunidades, e incluso en el propio ministerio, ponían cara de incredulidad cuando le contábamos que aquí en Andalucía (sobre todo en la periferia) ésta era una práctica consolidada. Estamos probablemente ante un "hecho diferencial". Pero aún más idiosincrásico es la variopinta casuística en que se presenta el tema; por ejemplo aquel maestro adscrito al área de ciencia que dos años es jefe de departamento de Matemáticas y los dos siguientes de Ciencias Naturales, y vuelta a empezar. Nada es imposible en esta Andalucía de charanga y opereta curriculares.

Podemos también contar mucho acerca de la actitud de los "compañeros" sindicalistas cada vez que se toca este tema en la Junta de Personal. El representante de UGT manifestó que "los compañeros maestros están perfectamente capacitados para ser jefes de departamento". Sólo desearíamos que ellos mismos hicieran públicas esas opiniones y así se supiera con claridad qué intereses de verdad defienden.

Como éste es un tema en el que se nos ha malentendido sistemáticamente dedicamos las últimas líneas de este boletín a explicar una vez más nuestra postura. Mucho se habla de la necesidad de que la sociedad reconozca la labor del docente, nosotros pensamos que, previa a esa tarea, es la de que el propio mundo educativo reconozca dicha labor, y eso pasa por reconocer el mérito y la capacidad en cada parcela. Entendemos la educación como transmisión de cultura y no como mero servicio de guardería; y por tanto un cargo relacionado directamente con el saber, como es ser jefe de departamento, no es lógico que lo desempeñe un diplomado en detrimento de un licenciado especialista. Exactamente los mismos motivos nos llevan a oponernos a la adscripción indiscriminada que la Consejería hace de profesores licenciados a cualquier asignatura ajena a su especialización (véase los numerosos documentos que hemos dedicado a la cuestión, y los boletines nº 1 y nº 32). Y de la misma manera nos opondríamos, a la designación de profesores de Física y Química como jefes de departamentos de Lengua o de Latín. No es una cuestión de jerarquía ni de crudo corporativismo, sino de respeto a la educación, al saber, a los alumnos y al interés general. Quien quiera ver aquí ocasión de clasismo, qué le vamos a decir, pues que preferimos a un fontanero dedicado a arreglar tuberías y a un electricista a las cosas de la luz.

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