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La balada del "cuerpo único"

Es propio de las utopías totalitarias despojar a los individuos de los atributos que les singularizan, buscando fundirlos en una masa a la que se premia, castiga y siempre se manipula según la conveniencia de cada momento. Pervirtiendo el principio de la igualdad, los totalitarios prescriben una igualación a ras de suelo donde todo aquello que sobresalga es amputado, como aquellas espigas que el tirano Trasibulo –nos cuenta Heródoto- recomendaba segar a su colega Periandro si quería mantener en orden la polis griega de Corinto.

Idéntico empeño define a aquellos que dicen democratizar la enseñanza estableciendo tablas rasas que invariablemente conducen por una misma ruta: la del adocenamiento, de la mediocridad y, por último, del fracaso. Así ha sido con un sistema educativo que en pos de la igualdad ha estabulado a todos los alumnos en unas etapas de enseñanza obligatoria que menosprecian la complejidad de realidades educativas que su diversidad demanda. Indiferentes a tan estrepitoso fracaso, los grandes niveladores parecen haber puesto ahora su objetivo en los docentes.

La meta es el llamado cuerpo único docente, institución cuyos miembros estarían facultados para ejercer la docencia desde la Educación Infantil hasta el Bachillerato, pasando por la Formación Profesional o las Escuelas Oficiales de Idiomas. Se argumenta que, dado que para acceder a cualquiera de los dos grupos docentes (A1 y A2) desde hace unos años basta con tener un Grado universitario ¿para qué mantener tan discriminatoria distinción? Ahora bien, siguiendo esta lógica, puesto que todos tienen Grado en Derecho, ¿para qué hacer distingos entre abogados, notarios o jueces, hay alguna diferencia? Por supuesto que la hay: se llaman OPOSICIONES y son el medio que garantiza que a través de un procedimiento regulado y transparente los más aptos ocupen el puesto de Catedrático de Conservatorio, de Registrador de la Propiedad o de Maestro de Educación Infantil. Anclar la proyección profesional de un funcionario a lo que pudo haber estudiado en su etapa universitaria es tan injusto como demagógico.

Eso sí, llama la atención que estos niveladores a ras de suelo nunca dirijan sus miras más allá de la Enseñanza Secundaria; ¿por qué no, de acuerdo con sus planteamientos, asaltar los cielos universitarios? ¿Y qué tal el alcázar de la Inspección Educativa? También son, al fin y al cabo, del –según ellos– obsoleto Grupo A1. Puede que este inesperado pudor nos facilite conocer dónde esperan encontrar apoyos en su igualitario asalto…

En APIA no nos inquietan demasiado estas baladas que algunos sindicatos entonan de vez en cuando para solaz de parte de sus clientelas. Lo que nos preocupa es que rebasen ese marco y aparezcan como objeto de discusión en las mesas de negociación con la Consejería de Educación. Si algo desea la Junta de Andalucía, es desregular nuestros derechos laborales para que todos valgamos para todo implantando una movilidad funcional desmandada, ideal para las arbitrariedades y los enchufismos tan gratos a ciertas organizaciones.  Por aquí no estamos dispuestos a pasar y alertamos a todos los docentes, sean del grupo que sean, que APIA va a continuar oponiéndose por todos los medios a su alcance a ese despropósito llamado cuerpo único docente.

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