
29-7-2010
El ministro Gabilondo asombra al mundo con su apuesta por la evaluación permanente.
29-7-2010
La secta pedagógica se manifiesta en los cursos de verano de la UNIA.
4-7-2010
Un grupo de padres descubre, a pesar de la Consejería, la realidad del fracaso escolar.
28-6-2010
Un grupo de padres recurre el Real Decreto de 7 de mayo que reforma la Selectividad.
28-6-2010
Sin convicción alguna, el Ministerio lanza su endeble proyecto de reforma (sic) educativa.
17-6-2010
Interesante artículo de Periodista Digital que informa de los selectos colegios privados donde estudian los hijos de los amigos del pueblo.
17-6-2010
Un diagnóstico certero de la triste realidad escolar actual, que José Penalva publica en El Confidencial.
17-6-2010
El profesor Cuyami, en EL MUNDO, describe con elocuencia la actual selectividad y la competencia desleal que sufrirán los alumnos de bachillerato con respecto a los de FP.
14-6-2010
La Consejería firma un acuerdo con la Fiscalía para que menores delincuentes cumplan sus condenas en los institutos.
14-6-2010
El Tribunal Supremo confirma la sentencia del TSJA que, a instancias de APIA, anuló la Orden sobre calendarios escolares de la Consejería.
13-6-2010
Jaime Martínez Montero apuesta en la Tribuna de Málaga Hoy por cambiar el modelo de inspección.
29-5-2010
Por primera vez, los alumnos provenientes de la Formación Profesional accederán a la Universidad sin pasar la prueba de acceso obligatoria para los de Bachillerato.
25-5-2010
Los resultados de la prueba de diagnóstico del MEC demuestran que las comunidades más exigentes con la educación son las más equitativas.
16-5-2010
El Departamento de Biología y Geología del IES Bahía de Cádiz hace una valoración de las Pruebas de Diagnóstico.
19 de septiembre de 2007
Aún concediéndole un margen de confianza a la Sra. Ministra, dispuesta –como ella misma ha manifestado- a conciliar “flexibilidad” con “rigor en la exigencia”, no podemos dejar a un lado lo ocurrido con la enseñanza secundaria obligatoria, víctima de una mal entendida “flexibilidad”, orientada no a la consecución de unos objetivos educativos mínimamente dignos, sino más bien a su completa elusión. La consecuencia es evidente: una de las cifras de fracaso escolar más elevadas del mundo civilizado.
Pero la apuesta del MEC para reformar el bachillerato nace ya endeble, se mire por donde se mire. En primer lugar, porque traslada a los docentes la responsabilidad de decidir como queda conformado finalmente ese “curso híbrido” que debe permitir la superación de “todas las asignaturas” al final de la etapa. La propia ministra sabe que es técnicamente imposible, desde un punto de vista organizativo, atender las realidades singulares de todos y cada uno de los alumnos que se acojan a esta posibilidad, y que destruir la lógica homogeneidad curricular de las materias impartidas durante un curso constituye en sí mismo un arriesgado experimento que podría comprometer seriamente las posibilidades de progreso en estudios posteriores.
La solución, que la contumacia ministerial se niega por principio siquiera a plantear, hubiera pasado por instaurar de manera reglada un tercer curso de bachillerato para todos los alumnos, algo que nos homologaría con los países de nuestro entorno socioeconómico más cercano, y contribuiría sin duda a aumentar las posibilidades de éxito de unos alumnos, hoy afectados obligadamente por el “mal” de la ESO, que encuentran cada vez más inaccesible un bachillerato “comprimido”, incapaz de satisfacer las necesidades de formación que requiere esta etapa .
Es más, si los responsables ministeriales quieren, de verdad, solucionar los graves problemas que arrastra la enseñanza secundaria obligatoria y sus deletéreos efectos sobre el bachillerato, deben asumir sin complejos la inmediata reforma integral de las enseñanzas primarias y secundaria, desterrando los falsos mitos –convertidos en verdadera obsesión- que hoy sustentan la política educativa y que han sobrevivido, a pesar de la cruda realidad, desde la logse hasta hoy.
Aunque pueda parecer paradójico, rebajar los niveles de exigencia sólo ha tenido como consecuencia una mayor degradación del sistema educativo y la disminución consiguiente de la proporción de alumnos que acaban titulándose, tanto en la ESO como en las enseñanzas post-obligatorias. Una lección que a estas alturas, la Sra. Ministra debería tener bien aprendida.