
15-7-2010
El Consejo de Gobierno aprueba el nuevo reglamento orgánico de los IES (ROC) con toda su carga destructiva.
12 de diciembre de 2007
La reciente publicación del informe ha venido a desvelar nuevamente una realidad que los responsables de la educación, incluida -como no- nuestra inefable Consejera, se afanan comúnmente en ocultar por todos los medios a su alcance. Si dentro del conjunto de los países sometidos a estudio (57 en total, 30 de la OCDE y 27 adheridos), España, en conjunto, ha experimentado un significativo descenso situándose en puestos de cola dentro de los países de la OCDE (de nuestro entorno socioeconómico, por tanto), Andalucía, con competencias plenamente transferidas, ha cosechado un resultado histórico -por catastrófico-, que llevaría a cualquier político con un mínimo de responsabilidad a presentar de inmediato su dimisión.
Sin embargo, y como cabe esperar de quienes han hecho del dogmatismo, la falsificación y la imprudencia principios fundamentales de su acción política, se han sucedido declaraciones a cual más insólita, en un intento vano de escurrir el bulto y salir por la tangente. Desde echar la culpa a un remoto pasado casi troglodítico, ignorando que en Andalucía, por poner un ejemplo, la gestión educativa ha corrido a cargo de los mismos personajes desde hace más de un cuarto de siglo; hasta los consabidos ejercicios de relativización -contextualización, dirían ellos- con que suelen obsequiarnos cuando se trata de justificar lo injustificable.
Así, hemos podido oír de labios de la propia Consejera que en el conjunto de las diez comunidades autónomas españolas que se han sometido a análisis separado, “no ocupamos el último lugar” (¡por dios, qué desdoro!), sino “el décimo” que, como todo el mundo sabe, no es lo mismo. Las cosas como son. O puestos a dar “explicaciones”, cómo no traer a colación la nefanda influencia del PIB per cápita (algo así como nuestro fatal destino) que según parece impide de todas todas que ocupemos el lugar que merecemos. Ya es fatalidad, porque Rusia y Portugal, con un PIB per cápita sensiblemente menor que el nuestro, ocupan un lugar semejante o aun mejor. O peor aún, ¿qué hace Polonia, cuyo PIB no llega a la mitad que el de Andalucía, sacándonos 15 puestos de ventajas en matemáticas, 38 en lectura ó 17 en ciencias? ¡Malditos roedores! A eso se llama tener mala suerte.
Menos mal que en PISA contextualizan, y la Consejera ha podido echar mano del índice del estatus social, económico y cultural que permite introducir un factor de corrección. Gracias a eso hemos podido ascender del puesto 47 al 37 en ciencias, por ejemplo. Y es que verdaderamente el que no se consuela es porque no quiere. Es más, la propia Consejera ha reconocido que nuestro estatus económico, que guarda una relación directa con la inversión en educación, es uno de los imponderables que explica estos resultados, admitiendo que hay que gastar más dinero para poder alcanzar cotas mayores de excelencia. La verdad es que resultaría convincente si no fuera porque estos del PISA, empecinados en colocarnos en mal lugar como sea, no han tenido otra ocurrencia que mostrar la correlación existente entre estas dos variables (rendimiento y ESEC). Y henos aquí descubriendo que el rendimiento en el promedio de la OCDE aumenta en mayor medida que en España, con respecto al índice ESEC. Es decir que la mera existencia de un mejor estatus económico, en España, no va seguida de un aumento del rendimiento en la misma medida que podemos observar para el promedio o el total de la OCDE (página 58 del informe). Infiérase pues, aun a riesgo de ser acusados de desviación herética, la existencia de una maldad intrínseca en el propio sistema educativo que lastra los resultados, por mucho que mejore nuestra posición económica.
Pero en algo teníamos que destacar. No todo van a ser malas noticias. La Consejera, muy ufana ella, ha afirmado que estamos dentro de los puestos de cabeza en lo que se refiere a equidad. Y es verdad, nuestro sistema educativo ha conseguido la proeza de repartir por igual, con irrelevantes variaciones individuales y sin distinción de origen ni condición, unos resultados misérrimos. Hemos socializado el desastre educativo.
La prensa escrita recoge profusamente la publicación del informe PISA y la opinión de APIA al respecto: ABC, El Mundo (10 de diciembre), El Mundo (5 de diciembre), La Opinión...