ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE INSTITUTO DE ANDALUCÍA
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El deterioro del sistema educativo

30-12-2009

Artículo de Antonio Ramírez de Verger en la Tribuna Libre de EL MUNDO

"Enseñanza obligatoria hasta los dieciocho años"

30-12-2009

Granada Hoy informa de la gran cantidad de peticionarios de la beca de 6000 € que ni siquiera eran alumnos.

Poderoso caballero

15-11-2009

Carta del portavoz de APIA publicada en EL MUNDO.

"El gasto en educación"

15-11-2009

La iniciativa del ministro Gabilondo de alargar la escolaridad obligatoria no deja de suscitar críticas por doquier.

Suma y sigue

15-11-2009

El reparto indiscriminado de portátiles a los alumnos de 5º y 6º de primaria corre parejo a las crónicas deficiencias en infraestructuras y la falta de profesorado sustituto en los centros.

Dispendio 2.0

21-9-2009

Se inicia el curso (con adelanto) con la tradicionales deficiencias de plantilla.

Nada ha cambiado ... a mejor

21-9-2009

El Presidente del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid da un repaso al sistema educativo español en el número de agosto de Investigación Y Ciencia.

La ciencia lo dijo ...

21-9-2009

La Consejería procede al pago de los 1.200 euros del programa de calidad sin que la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa haya certificado ninguna mejora.

Despilfarro sin control

9-9-2009

El último informe de la OCDE en materia de educación confirma que seguimos por la senda equivocada.

Dando lecciones al mundo

19-5-2009

Artículo de Manuel Salinas en el diario EL MUNDO.

¿Quién se atreve a maquillar el cadáver putrefacto de la enseñanza en España?

27-4-2009

El diario SUR refleja en sus páginas el profundo deterioro del sistema educativo andaluz.

"Suspensos de hoy, paro para mañana"

2-4-2009

Carta del portavoz de APIA, publicada en Granada Hoy.

"Integrismo pedagógico"

20-3-2009

Artículo de Javier Recio en La Lupa, de diario SUR.

"Nuevo suspenso para educación"

17-3-2009

Artículo de Francisco Rosell en A vuelta de página del diario EL MUNDO.

"Cuando no se progresa adecuadamente"

17-3-2009

Artículo de Pedro Javier Romero Cambra publicado en el diario IDEAL.

"25 años de LOGSE"

Ideal de Granada

La educación como ideología

Manuel E. Orozco Redondo

16 de septiembre de 2008

La educación, la verdadera educación, en España, se ha convertido en una entelequia que no puede sino acabar fatal para sus implicados y para la sociedad que camina hacia la más penosa de las decadencias: la de la ignorancia y la sumisión. Entré en la enseñanza hace más de treinta años como profesor de Bachillerato, más tarde pasé a profesor de Enseñanza Media, luego a profesor de Secundaria y, al final, a la Inspección. Ha sido una larga experiencia en la que no he conocido más que derrotas a través de las diferentes leyes que la enseñanza ha sufrido. Me siento un educador derrotado (he luchado y no he sido una voz expectante ni me he arropado en la mayoría silenciosa, que ha dejado hacer), pues nada, nada de lo que se ha hecho me parece bueno para los alumnos, los profesores y para esta sociedad, a la que se la está engañando con un sistema educativo penoso que genera miles de jóvenes abúlicos, desconcertados y con un ansia infinita de divertirse y de relajarse, lo que genera en ellos un desprecio hacia los educadores y mayores, pues se les ha hecho ver que son, ellos, los importantes y dignos de todo. Son alumnos que desconocen el porqué y para qué están en la escuela ni conocen lo que la sociedad espera de ellos ni la importancia que tiene su educación.

Comencé, como estudiante, con el plan de estudios de 1953 (del ministro Ruiz Giménez) que se centraba en un buen Bachillerato, pero que dejaba amplias lagunas para muchos alumnos. Han sido demasiadas leyes y cambios con la pretensión de transformar la sociedad, en esa idea de la 'educación como arma de combate', sin que la mejora individual, el trabajo y el esfuerzo sean fundamentales para la ansiada transformación. Todo comenzó a destrozarse, con el intento de introducir en el sistema a todos los alumnos, con la ley de Villar Palasí que pone las bases de todo el actual desastre educativo posterior, al tiempo que se refuerzan otros elementos para la deseducación obligatoria, ya explicitada por varios autores a finales de los sesenta. Sin hacer caso a las voces más informadas, vino la mal parida Reforma; la totalitaria, como se la definió, LODE (ley orgánica de 1985); la penosa LOGSE, del 1990; la mal nacida y congelada LOCE, de 2002; y, para rematar, la repetitiva, mala y deseducativa LOE, de 2006, pues hace de la escuela, en su última decadencia, una especie de espacio en donde se transmiten los nuevos valores de la progresía que, no es que sean malos ni buenos, sino que no son, y que buscan suplantar los existentes para conseguir un post-socialismo radical que se inspira en la ideología de la contracultura de Mayo del 68, que encuentra en el feminismo su base para una nueva utopía, que, en su concreción y desarrollo, es un nuevo disparate en cuanto que reniega, en busca de la igualdad, de la mujer como ser diferente, pues, como dice María Elósegui, «para Simone de Beauvoir, la mujer es un hombre con un cuerpo molesto».

Comprendo los cambios y las adecuadas adaptaciones a la realidad, pero nunca, nunca se deben hacer a base de traicionar los valores de nuestra civilización y la necesaria formación e instrucción de los alumnos, tal y como se está haciendo, mientras no se para de hablar de igualdad, de valores, de convivencia, de integración, tolerancia, etc. Está muy bien la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, la integración o la coeducación, pero no en las condiciones en las que quieren que funcione, en esa idea de que todos saben lo mismo o que se pueden suplir por adaptaciones curriculares, pero que acaba por maltratar a miles de alumnos a soportar toda una serie de contenidos, asignaturas o disciplinas y, ahora, competencias básicas, que no dominan, ni saben ni van a saber en aras de esa idea de la comprensividad, que ya está más que demostrado que no funciona; de ahí el enorme fracaso escolar, que es una inmoralidad y un derroche descorazonador. Con la idea de la benevolencia y dejar pasar, se acaba, para muchos alumnos, en uno de los mayores maltratos que yo he podido apreciar, pues se condena a muchos jóvenes a ir de malos estudiantes, de torpes de año en año sin posibilidad de mejora, una vez que se quedan atrás y son incapaces de entender ni lo más básico de los cursos en los que están matriculados a la fuerza, sin que se les ofrezcan otras alternativas; ante esto, su reacción es agria y pasan, para salvar su autoestima, a querer ser valorados a base de rechazar todo lo que significa esta escuela que no para de señalarlos como inútiles. Tal realidad no hará más que aumentar el número de estos alumnos, si no cambian los objetivos sociales y se recupera la esencia de la 'Escuela ilustrada', que toda sociedad que se precie necesita, pues favorece la mejora de los alumnos; sólo tiene un inconveniente: que es exigente, favorece la formación personal a través del esfuerzo y no promete paraísos de felicidad.

Con las actuales normas, los educadores han pasado a ser funcionarios a los que se les exige de todo, mientras que no pueden exigir nada a cambio, con lo que esto conlleva la pérdida de autoridad y no pocos efectos perversos en los alumnos, en cuanto se configuran roles como el del tirano, el pasota, el disruptivo o complicado, etc., por lo que estos alumnos quedan condenados a convertirse en unos marginados y conflictivos hasta que no salgan de la escuela; será la realidad la que hará de educadora para su integración en la sociedad, lo que será difícil por su escasa capacitación, su relativismo moral y escasos conocimientos. El profesor y el maestro se sienten muy controlados y ven que sus funciones han pasado de educador a transmisor, activo o pasivo, de una ideología alienante, ajena a ellos mismos e impuesta por los políticos con la complicidad de los sindicatos y la inspección central, que no hace más que transmitir e imponer los inventos de los políticos sin jugar su papel de técnicos, pues lo mismo se dedican a pedir que no se suspenda mucho y que lo importante son los procedimientos que pasan a olvidar todo esto para centrarse, después de más de 25 años, en los resultados, las competencias o a dar algunas pautas de comportamiento, sin que nadie dimita, sin que nadie exija una revisión de la inspección central y sigue equivocándose sin cumplir la verdadera función inspectora que, como técnicos -y en teoría, no sujetos al poder político- deben explicitar así como juzgar lo que está sucediendo que, por otro lado, todos saben. Este es el drama: se sabe lo que pasa, pero, como es una educación ideológica, no se actúa ni se corrige, pues tiene que funcionar pase lo que pase a costa de quien sea. Se llega a negar la esencia de la ciencia, esto es, ensayo y error.

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