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"II Plan de igualdad: catequesis en la escuela"

(Colaboración de Ángel Gil Gaete publicada EL MUNDO y en nuestro Boletín Provincial de mayo de 2016)

La reciente publicación del II Plan de Igualdad de Género en Educación plasma en el papel con carácter normativo la implantación en el sistema educativo andaluz de una nueva religión laica: la perspectiva de género. Como toda religión tiene un objetivo final loable, ya que se propone como un instrumento para “contribuir a la erradicación de la violencia de género... y fomentar planteamientos cooperativos... que configuran los pilares básicos de una sociedad igualitaria y justa”. Objetivos obviamente asumibles por cualquier persona sensata.

Como toda religión tiene sus dogmas de fe; en este caso son dos: el género es un constructo social y el lenguaje es lo real. El primero de ellos considera que el entorno social –“la educación”– es responsable de que un recién nacido, en principio bisexual o indefinido, en blanco, termine mostrando las conductas propias (rol) de un género concreto. Puesto que el establecimiento de roles conlleva implícita una situación de dominación y sumisión, es necesario actuar para la “deconstrucción de los roles”.

Un arma esencial para ello es la presión sobre el lenguaje. Se considera que el lenguaje no es una expresión del pensamiento sino el pensamiento mismo; no es que permita una descripción de la realidad sino que construye la propia realidad. Puesto que el lenguaje sexista es indistinguible del pensamiento y las conductas sexistas, que implican ladominación de un género sobre otro, modificar el lenguaje equivale a modificar la realidad.

No importa que ambos determinismos, el social y el lingüístico, aunque con fuerte presencia en las ciencias sociales (“la mujer y el hombre se hacen, no nacen”; ” los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”) hayan sido cuestionados hace tiempo, tanto por la biología como por la lingüística o la neurociencia (amén del sentido común). Como tampoco importa que la Academia de la Lengua haya desautorizado reiteradamente el farragoso, descabellado y virtuoso sermón en que se ha convertido el correcto lenguaje no sexista.

Nada que objetar a que cualquiera pueda creer en esos u otros determinismos. El problema es cuando, con actitud totalitaria, se imponen como verdades irrefutables y se anatemiza a los que no los comparten. Con apostólico empeño, el comentado Plan obliga a que ambos dogmas impregnen todo el sistema educativo: afectará a todos los integrantes –alumnos, profesores, padres, personal de administración y servicios–, documentos –Planes de Centro, programaciones didácticas, publicaciones, libros de texto, videos, Servicio de Información Séneca...–, actividades –clases, reuniones, formación inicial y permanente del profesorado, acceso a Inspección, Máster de Educación Secundaria, Grado de Magisterio, función directiva–... No habrá persona, papel o situación que pueda escapar del beatífico y beligerante manto de la perspectiva de género.

Beligerante porque el Plan se dota de un brazo secular para perseguir y castigar a los herejes: “El Servicio de Inspección Educativa incluirá anualmente, como actuación prioritaria, la supervisión de la integración de la igualdad de género en la concreción de los contenidos curriculares y en las programaciones didácticas”; “La Inspección Educativa velará por el uso de un lenguaje inclusivo y no sexista en los centros docentes”.

Como los agentes de las Unidades de Vigilancia de la Virtud de la revolución iraní, que portaban una varita con la que golpeaban los centímetros de piel que dejaba impúdicamente al descubierto la vestimenta oficial de las mujeres, habrá que mostrarse prudentes en presencia del inspector, no vaya a ser que venga provisto de un estropajo para fregarnos la boca a los blasfemos.