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Las filas no están tan prietas

Algunos inspectores cargan contra la Consejería a cuenta de la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa (AGAEVE).

Tras la publicación en BOJA del plan plurianual de evaluación general del sistema educativo andaluz para el período 2012-2016, concebido a modo de contraevaluación Wert (EL PAÍS dixit), el hasta ahora monolítico y todopoderoso aparato político-institucional de la Consejería de Educación empieza a resquebrajarse.

La necesidad de la función inspectora, a la que nuestro ordenamiento jurídico encomienda la supervisión de “... todos los elementos y aspectos del sistema educativo, a fin de asegurar el cumplimiento de las leyes, la garantía de los derechos y la observancia de los deberes de cuantos participan en los procesos de enseñanza y aprendizaje, la mejora del sistema educativo y la calidad y equidad de la enseñanza”, está fuera de toda duda.

Sin embargo y como consecuencia de las nefastas políticas educativas aplicadas desde hace dos décadas, que han acabado convirtiendo el panorama educativo español en una auténtica escombrera, la Inspección hace ya tiempo que dejó de ostentar su natural cometido para ponerse al servicio de intereses puramente partidistas (y por tanto sectarios), ajenos al interés general. Una víctima más de la politización que campa a sus anchas por todas las parcelas de la vida pública.

Por eso no deja de sorprender gratamente que desde ese sector de la educación andaluza se discuta, aunque sea ahora, la usurpación de las funciones propias de la Inspección Educativa por parte de la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa. Todo responde a un plan concebido de antemano para desmantelar progresivamente la función pública, tan incómoda para nuestros gobernantes, con el único objetivo de consolidad un poder omnímodo refractario a cualquier mecanismo democrático de control. Un plan, en lo que a nuestro ámbito corresponde, minuciosamente trazado en la Ley de Educación de Andalucía y puesto en ejecución con la creación en 2008 de la AGAEVE, que, según parece, ya concluyó su primer plan plurianual de evaluación, sin que nadie, desde las instancias que hoy se muestran contrariadas, objetara lo más mínimo.

La insurrección de uno de los, hasta ahora, baluartes fundamentales de la acción política de la Consejería saltó ayer a las páginas de los diarios del Grupo Joly en forma de Tribuna  con cuyo contenido coincidimos en esencia, y que demuestra que no todo está perdido si desde la Inspección alguien se atreve a reivindicar abiertamente su profesionalidad frente a la instrumentalización política.

La Consejera no ha tardado en responder al inesperado desafío de lo que sin duda considera carne de su carne, negando rotundamente la externalización del servicio de inspección y rechazando las acusaciones vertidas en otro artículo periodístico por el presidente de ADIDE, que en tono mucho menos respondón y en algún momento cómico, reprochaba a la Consejería haber sacrificado sus profundas convicciones progresistas en el altar del horrendo neoliberalismo. Que todo un presidente de toda una asociación de inspectores exhiba tan escasa capacidad de análisis demuestra hasta que punto se ha degradado la institución educativa en Andalucía. ¡Qué tendrá que ver la AGAEVE, notable ejemplo de la expansión del poder político, con la libertad, siendo como son esencialmente antitéticos!