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El problema no es la Secundaria. Un informe del Ministerio de Educación señala la escasa formación de los maestros de Primaria

Todos los indicadores internacionales sobre la calidad de nuestro sistema educativo son coincidentes: nos situamos invariablemente por debajo de la media de los países desarrollados. Los resultados obtenidos desde la Educación Primaria (informes PIRLS, TIMSS) a la Universidad (los distintos rankings no contemplan ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo) muestran, a cualquiera que no padezca ceguera ideológica, que, se mire el tramo que se mire, nuestro sistema educativo es un desastre.

Sin embargo, cuando se quieren destacar los males de “la educación”, sistemáticamente se hace referencia a los índices de la Enseñanza Secundaria, reflejados en el mucho más conocido informe PISA: fracaso escolar, abandono escolar temprano, nivel formativo de los jóvenes... Puesto el foco en esta etapa –los medios de comunicación han llegado a llamarla “el agujero negro del sistema educativo”– existe la convicción de que es aquí donde dirime la calidad de la educación. Convicción que también comparte la Administración, de manera que los tímidos intentos de reforma –incluida la LOMCE– se concentran en ella, cambiando asignaturas, metodologías, atención a la diversidad y zarandajas varias; y, especialmente, apretándole las tuercas a los profesores, responsables del desastre (hay que recordar que el incremento de horas lectivas y ratio ha perjudicado exclusivamente a los profesores de secundaria; incluso los recortes de sueldo en Andalucía han afectado más a éstos que a los maestros). Pero el problema no es la secundaria.

El Ministerio de Educación ha publicado recientemente un estudio secundario sobre los resultados del informe TEDS‐M (Teacher Education Study in Matemathics). Éste informe es un análisis comparativo internacional sobre la formación de los futuros profesores de matemáticas de Educación Primaria y Secundaria. Su primera edición, publicada en 2012, ha sido dirigida y coordinada por la IEA (International Association for the Evaluation Achievement) y en ella han participado 17 países, entre ellos España, aunque en este caso solo respecto a los maestros de Educación Primaria.

Dicho informe ya mostraba que la puntuación obtenida por los futuros maestros españoles, tanto en conocimientos matemáticos como en didáctica de las matemáticas, está por debajo de la media y sus valores son inferiores a lo esperado de acuerdo con el índice socioeconómico y cultural.

En este segundo volumen recién publicado, varios trabajos de investigación exprimen los datos originales y permiten extraer algunas conclusiones, no por intuidas menos reveladoras:

  • El centro de formación no tiene ninguna influencia en las diferencias en conocimientos matemáticos entre los alumnos. Es decir, es indiferente la Facultad de la Educación en que se realizan los estudios: todas son iguales. Teniendo en cuenta los resultados obtenidos en la prueba internacional, se puede concluir que todas son igual... de malas. A este resultado le llamarían nuestras autoridades educativas un éxito en la equidad.

  • El factor determinante en los conocimientos matemáticos es la trayectoria académica en la Secundaria: haber estudiado el “bachillerato de Ciencias” supone 10 puntos más de media. Como las Facultades no añaden conocimiento matemático alguno, el resultado es que los conocimientos de los maestros dependen exclusivamente de lo aprendido en el Bachillerato.

  • Bueno, ya sabemos que las Facultades de la Educación no están para impartir conocimientos, sino su didáctica. Ejem....Pues está por ver: el Centro tampoco influye en las diferencias en conocimiento de didáctica de las matemáticas. Por el contrario, existe una sustantiva correlación entre el nivel de conocimientos de matemáticas de los estudiantes de Magisterio y su nivel de conocimientos de la correspondiente didáctica. Evidentemente, es el manejo de la disciplina el que permite adquirir los conocimientos sobre su didáctica, por mucho que se empeñe el discurso pedagógico dominante en negar esta relación causal.

Resumiendo, y en palabras del propio informe: “Los conocimientos matemáticos son adquiridos a lo largo de la trayectoria escolar preuniversitaria, especialmente en Secundaria, y su nivel condiciona muy sustantivamente el nivel de conocimientos en didáctica de los alumnos. Los centros, bien dejan poca huella en los conocimientos didácticos, bien dejan la misma huella, una huella no precisamente brillante a la vista de los resultados comparados de los futuros maestros españoles”. El estudio se ha centrado en conocimientos y didáctica de las matemáticas, pero no es aventurado suponer que sus conclusiones podrían extrapolarse a otras áreas.

Teniendo en cuenta que la calidad de los maestros es una pieza clave en la calidad de la enseñanza, ya que sus deficiencias pesarán como una carga en la posterior trayectoria académica de sus alumnos, y la demostrada responsabilidad que en ello tienen las Facultades de Educación, lo realmente urgente para salir del marasmo educativo es una reforma radical de sus planes de estudio. El problema no es la Secundaria, es la Universidad y el pedagogismo huero que se ha adueñado de ella.

Desgraciadamente, el debate educativo continúa centrado en la alternativa a la religión, las horas de idioma o la pertinencia de itinerarios en la ESO.

Vídeo del acto de presentación del informe a cargo de José Antonio Marina.