Menú

A vueltas con PISA de adultos: tres gráficos

Pasados uno días desde la publicación del Informe PIAAC (Programa Internacional para la evaluación de las competencias de la población adulta), llamado en los medios de comunicación como Pisa para adultos, se ha olvidado rápidamente. Debe ser la costumbre, porque es el enésimo informe internacional sobre el sistema educativo que refleja la vocación de renqueante coche escoba de nuestro país respecto al resto de países desarrollados.

Como es sabido, este informe evalúa la comprensión lectora y matemática en la población entre 16 y 65 años de un total de 23 países, y los resultados son conocidos: España ocupa el último lugar de la Unión Europea en competencia matemática y el penúltimo, delante de Italia, en comprensión lectora. En ambos casos estamos también por debajo de la media de la OCDE.

La transitoria polvareda que el informe ha levantado, justo antes de la aprobación de la LOMCE en el Parlamento, únicamente ha servido para reafirmar aún más en sus posturas a cada actor del drama educativo: el Gobierno lo ha utilizado para defender su nueva ley, la izquierda a falta de mejores argumentos ha matado al mensajero (“es que nos han comparado con los mejores”) y los sindicatos docentes ....pues al parecer no se han enterado de nada.

Y sin embargo el análisis de los datos del voluminoso informe es, una vez más, demoledor. Valgan tres ejemplos:

1. La equidad

 

Como puede verse, más de un cuarto de la población adulta española (27%) queda en el nivel más bajo de competencias, al tiempo que un exiguo 5% alcanza el nivel 4. Compárese con las medias de la Unión Europea o la OCDE.

Es la radiografía de una sociedad ignorante, dónde una gran parte de la población es incapaz de entender un texto de cierta complejidad, como un programa electoral por ejemplo. Eso sí, bastante equitativa: todos a la baja y casi nadie destaca.

Ya se sabe, el secular retraso español. Es que en la encuesta se incluían a personas mayores que tuvieron una escolarización muy deficiente; culpa del franquismo, mayormente.

Pues no. Parece que el problema no afecta solo a los de más edad, que no fueron a la escuela.

2. La estafa de los títulos

En esta figura la comparación se realiza diferenciando el nivel de estudios alcanzado, independientemente de la edad: sin educación secundaria superior (Bajo), con educación secundaria superior (Medio) y con titulación universitaria (Alto). Pues bien, somos los peores en todos los casos. Efectivamente los que tienen pocos estudios obtienen menos puntuación que cualquier ciudadano europeo en su situación (18 puntos menos); pero las generaciones más jóvenes, con acceso generalizado a estudios secundarios y que han accedido a la Universidad no salen mejor parados: nuestros titulados de Bachillerato obtienen 10 puntos menos que los europeos y nuestros universitarios 14 puntos menos que sus colegas (salvo los universitarios de Irlanda del Norte). De hecho, su nivel es tan bajo que sus puntuaciones son superadas por titulados de Bachillerato y Formación Profesional de Grado Medio de países como Suecia, Austria, Eslovaquia o Dinamarca.

Es la evidencia de que el sistema educativo hace aguas en todo su recorrido. Achacar nuestros malos resultados a la herencia del pasado es cerrar los ojos a la evidencia.

3. Una misteriosa anomalía

Bueno, partíamos de una situación tan desfavorable que aún se refleja en todo el sistema. Pero hemos conseguido una enorme mejora en las últimas décadas y es cuestión de tiempo que acabemos convergiendo con Europa.

En la presentación del informe, el Gobierno se apresuró a culpar a la LOGSE de los males de la educación; en su intento de buscar apoyos políticos ante la imminente votación en el Congreso de la LOMCE, cargó contra las leyes socialistas. Vano intento que no modificó su soledad parlamentaria y, por el contrario, provocó críticas generalizadas por sus afirmaciones oportunistas y gratuitas.

Y sin embargo, algo hay.

El gráfico muestra el resultado de analizar las competencias de cálculo y lectura para las diferentes cohortes de edad. Se observa que las cohortes más jóvenes obtienen mayor puntuación que las de más edad; la mejora en las competencias crece rápidamente para las generaciones nacidas después de 1945. De hecho, esta mejora es la más rápida de la OCDE.

Pero esta tendencia afecta hasta los nacidos entre 1975-1985, quienes alcanzan la máxima puntuación. A partir de entonces, la curva sufre una inflexión, titubea y desciende. En palabras de J. A. Robles Zurita, de la Universidad Pablo de Olavide y autor de este último gráfico: “Parece haber una anomalía en forma de un cambio de tendencia en la relación entre la puntuación en cálculo y edad a partir de la cohorte de nacidos en 1976. Además, este cambio de tendencia coincide con las cohortes que empezaron a incorporarse progresivamente al nuevo sistema de la LOGSE”.

Tímidamente apunta a la coincidencia de la incorporación a la LOGSE y la caída en los niveles de competencias. Pero si no es efecto de una ley que modificó radicalmente todo el sistema educativo, ¿qué otro fenómeno social ocurrió en los noventa que pueda ser responsable de esta misteriosa anomalía? Porque el resultado es que la convergencia de España con Europa y la OCDE se detuvo hace dos décadas; después de mejorar sensiblemente el nivel educativo de la población, en los últimos 15 años España es el país de la OCDE que peor lo ha hecho. Otros países como Corea, que partían de posiciones similares a España, no han dejado de mejorar y sus generaciones jóvenes se encuentran entre las primeras en los informes internacionales.

En definitiva, estamos mal y vamos a peor. El Informe en su conjunto muestra tal panorama del nivel educativo de la sociedad española que debería llevar a la conclusión de que estamos ante una situación de emergencia, que requiere medias urgentes y que abarquen a todo el sistema. Debería ser una prioridad política.

Pero los políticos no lo harán. Y no lo harán porque no existe presión social en esa dirección; según el último barómetro del CIS, menos de un 10% de la población considera a la educación entre los principales problemas del país. Es evidente que los errores de diagnóstico, el desconcierto y el oportunismo no son exclusivos de la clase política, como se pone de manifiesto en las recientes y próximas movilizaciones en la enseñanza.

Versión para imprimir.