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PISA 2012 y la historia detrás

Pretender que la OCDE se comporta como un observador neutral al realizar sus evaluaciones internacionales es pecar de ingenuidad. La OCDE tiene su propia agenda. Para conocerla basta con recordar sus recomendaciones de una mayor "autonomía de centros", concepto que enmascara en realidad la precarización del profesorado a las órdenes del director, o bien leer titulares como que "El salario de los profesores, en relación con los salarios de otras profesiones, está por encima de la media en España", obviando que el salario de un titulado superior debe compararse con el de otros titulados superiores, no con el de trabajadores sin cualificación.

Pero las masivas encuestas de la OCDE son el único muestreo objetivo del que disponemos para comparar la realidad en distintas regiones y países, especialmente teniendo en cuenta el habitual oscurantismo de las autoridades educativas. Y a ese respecto el informe PISA 2012 ha vuelto a contarnos, con la rotundidad de los datos, el final de una historia que todos conocemos demasiado bien.

La historia comienza en 1990. Una España en rápido desarrollo, que trataba de acortar las distancias que la separaban cultural y económicamente de los países más avanzados de su entorno, necesitaba de una reforma educativa que consolidara su progreso. En vez de esa reforma recibió la LOGSE.

Basta echar un vistazo al muestreo internacional publicado por la OCDE en el PIAAC 2013, el llamado "PISA" de adultos, para obtener una imagen clara de los efectos de esta reforma. El proceso de implantación de la LOGSE afectó a los nacidos entre 1976 y 1984, momento a partir del cual todos los alumnos han estudiado bajo la LOGSE o sus derivados. La gráfica 1 muestra cómo el avance que habían logrado las generaciones previas a la LOGSE, recortando rápidamente distancias con respecto a la media de la OCDE, se truncó a partir de la implantación de la LOGSE, estancándose e incluso invirtiéndose el proceso. Con respecto a la curva que trazan los datos de la OCDE, la española se asemeja a una montaña cuya cima ha sido dinamitada.

Puntuaciones por edad

Muchos advirtieron del problema incluso antes de que sucediera, pero se les acusó de falta de entusiasmo y fueron sistemáticamente silenciados y relegados. Desde el 2000, el informe PISA sacó los colores a España ante el resto del mundo. Parecía que la OCDE compartía la falta de entusiasmo de esa panda de profesores malhumorados que se resistían a convertirse a la verdadera fe. La machacona insistencia de los informes internacionales en el bajo nivel formativo de España obligó a los patrocinadores de la LOGSE a camuflar sus pésimos resultados mediante agencias o sobornos, o a moderar algunas de sus manifestaciones más fundamentalistas, hoy relegadas a experimentos sectarios como las llamadas "comunidades de aprendizaje". Pero lo sustancial no ha cambiado, ni se ha intentado hacer nada por cambiarlo. La LOE es la LOGSE con menos entusiasmo y más control del profesorado. La LOMCE es una LOE con más catecismo.

Y, sorprendentemente, el nuevo informe PISA 2012 nos repite que un sistema educativo estancado produce resultados estancados. El rendimiento educativo de España en matemáticas, lectura y ciencias permanece por debajo de la media de la OCDE.

La OCDE, a la que aparentemente tampoco le sobra la perspicacia, se extraña de que ello haya ocurrido a pesar de que España haya incrementado en un 35% el gasto en Educación desde 2003. Habría que explicar a estos señores que "gasto en educación" no significa nada si no se especifica en qué se gasta. Y ciertamente no es sorprendente que la política de portátiles y libros gratis para todos, pobres o ricos, los sobornos para maquillar los resultados académicos, las administraciones paralelas, las prebendas concedidas a los leales, la propaganda o los maletines bajo cuerda no hayan hecho nada para mejorar los resultados de la educación. Porque, desde luego, el gasto en Educación no se ha invertido en recompensar la labor del docente que insiste en enseñar, ni en favorecer la igualdad de oportunidades para el alumno desfavorecido que insiste en esforzarse.

Por supuesto, para muchos directores españoles, entre los que la independencia política es un lujo cada vez más difícil de mantener, el chivo expiatorio del fracaso está a mano. El 29 % de los alumnos entrevistados asiste a centros cuyos directores acusan a los “profesores que se resisten a los cambios” de dificultar el aprendizaje, un 10 % más que la media de la OCDE. La OCDE debería explicarnos a qué cambios se resisten tales profesores, considerando que la filosofía educativa es la misma desde hace casi un cuarto de siglo y que los constantes cambios en la jerga educativa son abandonados por las autoridades educativas tan precipitadamente como los adoptan.

Lo peor es que ese retraso en nivel educativo no es el precio que pagamos por una mayor equidad. Por el contrario, según el PISA 2012 la equidad en los resultados educativos ha empeorado en España desde 2003. Y es algo lógico en un sistema que abandona a su suerte a los alumnos con menor nivel socio-económico, convenciéndoles de que hagan lo que hagan alcanzarán su objetivo, mientras las familias con mayor nivel socio-económico se resisten más fácilmente al engaño. Al parecer, la política del todo vale y la palmada en la espalda es, como APIA lleva años denunciando, una política socialmente regresiva.

Y no hay mayor falta de equidad que el hecho de que las diferencias en el rendimiento educativo entre las diferentes comunidades autónomas sean muy superiores a la distancia que separa a España de la media de la OCDE. A efectos educativos la España de las autonomías funciona de hecho como países muy diferentes, dando una nueva bofetada al precepto constitucional de la igualdad de oportunidades entre españoles. A este respecto, la sorpresa ha vuelto a estar ausente del PISA 2012. Andalucía sigue encontrándose tan en el furgón de cola como lo estuvo en el PISA 2006 y en el PISA 2009 (gráfica 2).

Puntuaciones por comunidades

 

La Junta de Andalucía tiene derecho a defenderse y a argumentar que la brecha entre la educación andaluza y la de otras regiones es una brecha social, resultado de nuestro propio atraso. El propio informe PISA le da pie para ello. En ese caso, el partido que ha gobernado Andalucía en los últimos 30 años tendrá que decidir si prefiere explicar un fracaso educativo o un fracaso social.

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