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Balance de cuatro años de sindicalismo docente

Estimados compañeros y amigos, en 2010 APIA se presentaba a las elecciones sindicales aquejada de incertidumbres tras una década de crecimiento sostenido. El tesón de sus miembros, el apoyo de los profesores de secundaria, así como la fidelidad a unos principios reivindicativos que el tiempo no ha hecho sino confirmar fueron, sin embargo, las herramientas que consiguieron reparar y enderezar un rumbo que a la sazón se hallaba momentáneamente quebrantado. Han sido cuatro años de trabajo a pie de aula, de profesores y para profesores, que nos han permitido movernos con tranquilidad allí donde otros temían entrar para no salir abochornados: los institutos de enseñanza secundaria públicos de Andalucía. De esta perspectiva, el balance resulta tan aleccionador como exigente: estamos trabajando en la línea adecuada, mas la tarea es tan vasta que no hay otro modo de abordarla sino con el compromiso absoluto por parte de todos nuestros miembros.

Una de las pruebas más significativas que debe pasar una organización como la nuestra en el contexto actual son las elecciones sindicales. En los últimos meses, sin dejar de ocuparnos de lo que verdaderamente es nuestra labor, hemos organizado una campaña electoral donde la falta de medios económicos ha sido de sobra compensada con la ilusión y el buen hacer de los integrantes de APIA. Teníamos esto a nuestro favor mas la independencia y el carácter profesional, puntales indispensables de lo que debe ser el sindicalismo del siglo XXI. En contra teníamos el hartazgo del profesorado andaluz hacia el modelo sindical imperante y la existencia de unos mecanismos de acceso a la representatividad orientados en beneficio del sindicalismo acomodaticio con el poder político (ver La representación sindical de los funcionarios en Andalucía y APIA denuncia que Educación derrochará 240.000€ en 40 liberados sindicales)

Con todo, era tanta la ilusión puesta en el trabajo realizado estos últimos años y tanta la confianza depositada en nuestros principios, que los resultados de las elecciones del pasado 4 de diciembre nos han parecido decepcionantes. Entre los aspectos más negativos tendríamos que destacar la pérdida de la representación en la Junta de Personal de Granada, la caída relativa de esa representación en algunas provincias (Jaén, Cádiz) y el persistente vacío en la provincia de Huelva. Entre los positivos, el acceso a la representación en la Junta de Personal de Almería y el crecimiento del porcentaje de votos en la provincias de Córdoba y de Sevilla. Málaga continúa siendo la provincia con más apoyos del profesorado de Secundaria a APIA. Desde un balance puramente cuantitativo, hemos perdido casi uno de cada seis votos obtenidos en 2010.

Unos resultados así deben invitar necesariamente a la reflexión y a la crítica interna. Pero antes de pasar a tan necesario ejercicio, es preciso tener bien presente lo siguiente: Si no hemos mejorado debemos achacarlo en primer lugar a un contexto crecientemente desfavorable al sindicalismo tradicional, que ha impactado también en nuestro modelo. La nueva realidad es que los profesores cada día creen menos en la capacidad de los sindicatos para resolver sus problemas. A las supuestamente “grandes centrales”, con todos sus medios económicos y el apoyo no disimulado de la Administración, no les ha ido mejor que a nosotros. El siguiente gráfico es bastante elocuente sobre lo sucedido.

Y algo ha quedado bastante claro: APIA es la única organización cuyo fin es defender los intereses del profesorado de Secundaria en Andalucía. Esta evidencia debe ser cargada también en el balance de las elecciones sindicales. En los próximos meses deberemos evaluar nuestros fallos y aprender de ellos, pero sin perder de vista que han sido más de táctica que de estrategia. Nuestros principios son tan válidos como lo eran hace dos semanas; los problemas en las aulas siguen siendo los mismos. Se trata de de descubrir con paciencia y claridad de ideas por qué la aplicación de dichos principios no ha tenido la respuesta electoral que todos deseábamos. Y dónde hemos fallado a la hora de aplicarlos.

Pero APIA sería muy poca cosa si el éxito o el fracaso en unas elecciones sindicales fuese la piedra de toque para validar lo que hacemos y lo que representamos. El nuestro es un modelo sindical independiente y profesional con más proyección de futuro que el sindicalismo generalista y el “de clase”, principales afectados por esta crisis; formar parte de organizaciones más amplias partícipes de ese modelo, FASPI y SPES, garantiza nuestro ámbito de influencia a escala nacional y andaluza. Y nuestra práctica diaria no se circunscribe al pasilleo en las Delegaciones de Educación y los despachos oficiales, sino que está en los centros de Secundaria, en los juzgados, en el día a día de las aulas. Somos profesores, no vivimos del sindicalismo, carecemos de liberados y nos sostenemos con las cuotas de nuestros asociados. Y en esto nadie nos ha ganado. Ése es el espacio donde debemos persistir, duros e irreductibles.

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