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En la diana

La alarma generada por la última jugada de la Consejería en el instituto de Bormujos, desautorizando por completo la labor de sus profesores, no es gratuita. Y no se justifica sólo en el hecho, nada puntual por otra parte, acaecido en el Instituto Los Álamos. En realidad, el vergonzoso episodio protagonizado por el Delegado de educación de Sevilla es uno más de entre un retablo de actuaciones que tienen a los profesores de instituto como objetivo a batir  y como instrumento preferente al politizado servicio de inspección educativa, dispuesto en todo momento a perpetrar la barbaridad más inimaginable. 

Con una seguridad jurídica por los suelos y unos niveles de espuria injerencia en la actividad docente impensables hace una década, la situación que vive hoy la enseñanza media en la comunidad autónoma es límite. Dos años de aplicación de la nueva ordenación legal de los institutos han contribuido, como nunca, a degradar la profesión docente (como ya advertimos en su día) y, como consecuencia de ello, la calidad de la enseñanza impartida. Ya sólo falta el tiro de gracia que permita el sometimiento pleno. He ahí la inspección.